DEPENDE DE LA OPCION SERÀN LOS RESUTADOS DE TU VIDA
Depende de tu opciòn tendràs una vida en libertad,donde todo lo que haces tiene valor,es importante,tiene sentido por pequeño que sea y tendras una buena paga.
La otra opciòn es intentar agradar al otro,y no le satisface nada de lo que haces,porque el corazón del hombre es un eterno insatisfecho, ,porque siempre hay defectos, limitaciones, ,porque siempre ve el puntito negro de tus acciones, entonces te haces esclavo del otro,sirviendo a la criatura, en lugar de servir a Dios.
Tampoco se puede servir a dos Señores, agradar a Dios y a las criaturas, el resultado es un corazòn vaciò,infravalorado, sin sentido.
Opta entonces por abrirle el corazòn a Dios y Dios que ve en lo secreto tus intenciones te recompensarà.
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los
hombres para ser vistos por ellos
Jesús nos invita a obrar agradar al
Padre, para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la
Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir
y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra
vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio
que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre pueda dar de cada uno de nosotros el
mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi
Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).
Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.
Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).
Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.
Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).
¿A QUIEN QUIERES AGRADAR A DIOS O A LOS HOMBRES?
No hay comentarios:
Publicar un comentario